martes, 15 de abril de 2008

Carretera perdida

Director: David Lynch
Si hay un color dominante a lo largo de toda la cinta ese es el negro. Negro es el vestido de la despampanante Patricia Arquette, la chaqueta de cuero del atormentado Bill Pullman y la motocicleta de su alter ego adolescente, el Mercedes del impetuoso mafioso, y el sostenido humor que en contadas ocasiones golpea la historia.
Remordimientos, celos, sexo, sentimientos acérvicos que se desparraman por aquí y por allá intensamente vivenciados por un músico de jazz atormentado por la obsesiva sospecha de las infidelidades de su chica, una pin-up muy del gusto de Lynch, de labios embadurnados de carmín y sinuosas curvas jamás manchadas por la odiosa silicona.
Trenzando el mundo onírico y ciertos atisbos de irrealidad con una cruda y despechada vida mundana, el director olvida el continuo espacio-tiempo para trasladarnos por una historia de ignominiosas pulsiones, ofreciéndonos planos de secuencias que ocurrirán minutos después, anclándolas en nuestra retina para después rescatarlas e hilvanar esta pérfida historia de traiciones ambientada con una banda sonora, que como no podía ser de otro modo, es deslumbrante.

Lo mejor: la banda sonora. Patricia Arquette. La escena del acalorado Robert Loggia acongojando a un intrépido conductor.

Lo peor: el tempo demasiado lento del comienzo. Le cuesta arrancar.

Mi puntuación: 6

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